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Posts Tagged ‘La sonrisa de los valientes’

“El parto, donde la vida comienza”

 

Pilar hacía dos días que había salido de cuentas y aún no habían elegido el nombre definitivo para la niña. Ella y Diego, su marido y padre de la pequeña que estaba a punto de nacer, habían decido no poner más nombres familiares a sus hijos, ni el de ‘Pilar’, ni el de las abuelas, ni el de sus hermanas, ninguno. Ya era hora de ser originales, se decían. Unas semanas atrás habían escrito una lista con siete nombres que a ellos les gustaban pero que no llegaban a ponerse de acuerdo. Idearon entonces otra lista donde cada uno escribiría sólo dos nombres que figuraran en aquella primera lista, pero ninguno coincidió con los nombres del otro.

Antes de que Pilar ingresara en el hospital optaron por leerles los nombres a Manuel y a Diego (hijo), los que iban a ser los hermanos mayores de la pequeña a fin de llegar a una decisión. Manuel, que llevaba el nombre de su abuelo materno, tenía seis años y Diego que llevaba el nombre de su padre y que a su vez éste llevaba el nombre del suyo, había cumplido cuatro años en abril. La madre sentó a los niños en el sofá y frente a ellos, de pie, papel en mano, les dijo:

– Papá y yo hemos hecho una lista con nombres que nos gustan para vuestra hermanita. Y queremos que nos ayudéis.

– A mí me gusta Noelia, ya lo dije un día- se adelantó a decir Diego.

– Diego, Noelia no está en la lista. A mamá y a mí no nos gusta del todo ese nombre porque nos recuerda a una amiga que al final no pareció ser tan amiga. Lo sentimos, Pitufo pero ese nombre no está.

– A Diego lo que le gusta no es el nombre sino una chica de su clase que se llama Noelia, que yo lo sé – se chivó Manuel.

– ¡Cállate, eso es mentira!- pero ambos sabían que era verdad.

– Bueno, a lo que vamos. Os vamos a leer los nombres y luego nos decís cuál de ellos os gusta más. Mamá y yo tenemos algunos favoritos y a ver si por lo menos uno coincide con alguno que elijáis vosotros.

– ¿Y si hay un empate? ¿Y si yo digo un nombre que has elegido tú, papá, y Diego dice otro que ha elegido mamá?

– Pues entonces los dos nombres que hayan salido los escribimos en dos trozos de papel, los metemos en una bolsa de plástico y que mamá saque uno al azar. Y el que salga ése será.- Lo dijo de corrido como si ya lo hubiera pensado antes pero la verdad es que se le acaba de ocurrir sobre la marcha.

– ¿Vale? Bueno pero primero leo y luego ya veremos lo que pasa. Los nombres son: Isabel, Julia, Alba, Laura- Pilar iba leyendo un nombre tras otro y entremedias levantaba la mirada del papel unos segundos y la fijaba en sus hijos que la miraban y la escuchaban con atención, para no perderse reacción alguna. Los tres últimos nombres los dijo de corrido, sin mirarles.

– Lucía, Celia y Marta.

– ¡Celia!- gritó Manuel con entusiasmo, casi sin dar tiempo a su madre a terminar de leer.

Resultaba que a Manuel le gustaba una chica de su clase que se llamaba Celia pero eso ni Diego ni sus padres lo sabían y que, según decía él, era sin duda “la más guapa de todas las guapas”. Años más tarde Manuel compartirá la historia con sus padres y sus hermanos y su hermana conocerá en el colegio a “la más guapa de todas las guapas” un día no tan cualquiera.

Diego (hijo) eligió sin ganas el nombre de Laura porque a él el que más le gustaba era Noelia. Laura no figuraba en ninguna de las sublistas de sus padres. Y puesto que uno de los dos nombres que había escrito Diego (padre) en la segunda lista era el de Celia la niña se llamó finalmente Celia Medina Ortega.

– ¡Es que era el más bonito de todos los nombres, papá!- añadió Manuel regocijándose al descubrir que ese había sido el nombre ganador. Era la época en que a Manuel le había dado por decir frases de ese estilo:

“¡El más chulo de todos los chulos!”, ese era Perico, un chico de su clase. “¡La más listilla de todas las listillas!”, esa era Ana, la mejor amiga de Celia “la más guapa de todas las guapas”. “¡El más bueno de todos los profes”, ese era el Señor Harris el de música. “¡El mejor de todos los mejores!”, ese era Maradona.

– ¡Pues ya tenemos tu nombre, renacuaja! Hola, Celia- dijo Pilar con cierto alivio y con ilusión, mirándose la enorme barriga de nueve meses mientras la acariciaba con su mano, haciendo círculos sobre ella.

Diego (hijo) se acercó a su madre y mirando a su barriga con el dedo índice sentenció:

– ¡Pues Noelia molaba más! Y te podríamos haber llamado Noe.

– ¿Cómo el arca de Noé?- Manuel acentuó exageradamente la “e” y le hizo una carantoña de repulsión a su hermano, que éste le devolvió afectado y fue a refugiarse en el regazo de su padre que había ocupado ahora el sofá, contemplando la escena.

– Manu, no seas abusador- le reprochó su madre.

Manuel hizo caso omiso y puso sus dos manos sobre la barriga de su madre a modo de chivarle un secreto, acercó su boca y le susurró:

– Ya verás lo guapa que vas a ser llamándote así. Es el nombre de chica más bonito que existe.

La madre lo miraba desde arriba con recelo. Manuel miró a su madre y rectificó apresurado disimulando:

– Bueno después del de Pilar, claro. Es el segundo nombre de chica más bonito que existe -miró a su madre- ¿verdad, mamá?

La madre le revolvió el pelo y le sonrió:

– Anda, zalamero… – y en ese momento Pilar, que sonreía, dejó de hacerlo. Una mueca de sorpresa sustituyó aquella plácida sonrisa. Era julio y llevaba puesto un vestido de flores sin mangas y unas sandalias blancas que se ataban con una hebilla por los tobillos. Todos miraron a la vez al suelo a la altura de las sandalias de Pilar. Ella no lograba verse los pies, la enorme barriga se lo impedía pero, ¡claro que lo había notado! ¡Acababa de romper aguas!

[Sigue en La sonrisa de los valientes]

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