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Archive for the ‘Velocidad de no retorno’ Category

Que sepas, Pitufa,

que desde anoche brilla una estrella nueva en el cielo

que lleva tu nombre grabado,

que brillará para ti siempre

y a la que también le cantaremos.

 

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Hay días 

en que fuera de tu cama 

me cuesta respirar. 

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Y se nos sale el corazón

por la boca en un orgasmo

y en ese instante nos miramos

como si fuera la última vez

o la primera,

como si estuviéramos perdiendo la vida,

o volviendo a nacer.

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“¿Sabéis qué? A veces el mundo no es más grande 

que el cuerpo de la persona a la que amas”.

Sergio Carrión

Y yo aún voy más allá y te digo,

aunque tú ya lo sepas,

que se puede dar la vuelta al mundo en tu cuerpo:

subir al Everest de tu boca

y besar la vida de puntillas

cogiéndote la cara

o cogiéndote el culo,

o abriendo los brazos

queriendo así abarcar el mundo.

 

Y bañarme desnuda en tus playas caribeñas,

en tus Rías Baixas,

y calarme hasta los huesos en tus cataratas del Niágara.

Y acampar en todos los lagos

que dejamos en la cama de tanto llover,

y hacer fuego bajo una lluvia de estrellas.

 

Y ver cómo no se pone el sol desde tu Círculo Polar

porque eres verano.

 

Y atravesar sedienta el Sahara

desde tu cuello hasta tu ombligo,

continuar mi camino con la lengua fuera

y descubrir que los oasis existen.

 

Adentrarme entre tus piernas por la cueva de Son Doong,

y ver auroras boreales en tu pelo.

 

Ser la actriz principal de una obra en Broadway,

y cuando digo en Broadway me refiero en tu oído.

 

Tocar el cielo desde el Empire State de tu pecho izquierdo,

y comer helado italiano en tus pezones,

y pulpo a la gallega en tu lengua.

Escuchar París al abrazarnos

y excavando en tus cenizas redescubrir Pompeya.

 

Y montada sobre ti pasear por los canales de Venecia

y hacernos una foto bajo el puente de los Suspiros.

¡Ay… tu cara!

Y tu cara es Florencia

y me miras

y me late el corazón con mucha fuerza,

se me agota la vida,

tengo miedo a caerme,

es el síndrome de Stendhal.

 

Hasta se puede también montar en un cohete y pisar la luna

y contemplar desde tus ojos la Tierra,

y como dice Marta Plumilla en Mi vida en Marte:

desayunar mirando estrellas.

O como escribe también Rayden en un poema:

besayunarnos.

Pero se quedan cortos,

el desayuno de Marta,

el besayuno de Rayden,

el síndrome de Stendhal

y esta guía de viaje hecha un poema.

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Y de repente una noche sucede,

que en un cerrar de ojos,

aprieta tan fuerte

que se le sale el mar.

 

Y es que la chica de los ojos color Planeta Tierra,

llora (a) mares

porque lo suyo no son lágrimas,

es el mar que se desborda de sus ojos

cuando azota con fuerza el corazón, 

y las olas arrasan sus mejillas. 

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Te queda tan bien la poesía puesta.

Me pone, me pones,

resalta tu mirada,

va con tus ojos color planeta Tierra.

Y eso que siempre he sido fan de ti, 

de tu manera de vestir,

pero mírate al espejo y dime

si acaso no son los mejores versos

que has llevado puestos.

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No hay viaje mejor
que cuando alcanzas
la velocidad de la luz,
y yo voy de la mano
y no te suelto,
y nada más alrededor,

tan solo estrellas.

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