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Archive for the ‘Piloto automático’ Category

Que sepas, Pitufa,

que desde anoche brilla una estrella nueva en el cielo

que lleva tu nombre grabado,

que brillará para ti siempre

y a la que también le cantaremos.

 

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Eres mi escudo, mi espada,

mi armadura, mi campo de batalla,

mi bandera,

mi himno nacional,

mis balas en la cartuchera,

mi resistencia,

mi trinchera,

mi vuelta a casa,

mi tratado de paz,

mi estado de bienestar.

 

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Que me perdonen los aviones pero el amor es el medio de transporte más seguro. 

Para todo, para cualquier camino que emprendas. 

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A Cris

Ella vende aceites en la Calle Mayor

así es como se gana el pan

-de centeno e integral-.

 

Pero lo suyo es la fotografía,

filmar, crear, capturar instantes,

lo que le da la vida.

 

Ella tiene un don y no es su pelo

aunque su pelo se merezca una canción.

Ella tiene un don poco habitual,

te hace sentir como en casa en cualquier lugar.

 

Ella es hogar, zumo y tostadas,

es carnaval, es una casa con ventanas,

ella es hogar, cerveza y tapas,

ella es abrazo y tertulia en los tejados.

 

Y todo su calor es para los demás

por eso nunca termina de curarse el frío.

 

Y si sabes verla, si la miras bien,

verás que siempre lleva la sonrisa puesta.

Si sabes verla, si la miras bien,

cuando sonríe no son arrugas

que son alas.

 

Ella tiene un pelazo

pero esto ya sería otra canción.

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“¿Sabéis qué? A veces el mundo no es más grande 

que el cuerpo de la persona a la que amas”.

Sergio Carrión

Y yo aún voy más allá y te digo,

aunque tú ya lo sepas,

que se puede dar la vuelta al mundo en tu cuerpo:

subir al Everest de tu boca

y besar la vida de puntillas

cogiéndote la cara

o cogiéndote el culo,

o abriendo los brazos

queriendo así abarcar el mundo.

 

Y bañarme desnuda en tus playas caribeñas,

en tus Rías Baixas,

y calarme hasta los huesos en tus cataratas del Niágara.

Y acampar en todos los lagos

que dejamos en la cama de tanto llover,

y hacer fuego bajo una lluvia de estrellas.

 

Y ver cómo no se pone el sol desde tu Círculo Polar

porque eres verano.

 

Y atravesar sedienta el Sahara

desde tu cuello hasta tu ombligo,

continuar mi camino con la lengua fuera

y descubrir que los oasis existen.

 

Adentrarme entre tus piernas por la cueva de Son Doong,

y ver auroras boreales en tu pelo.

 

Ser la actriz principal de una obra en Broadway,

y cuando digo en Broadway me refiero en tu oído.

 

Tocar el cielo desde el Empire State de tu pecho izquierdo,

y comer helado italiano en tus pezones,

y pulpo a la gallega en tu lengua.

Escuchar París al abrazarnos

y excavando en tus cenizas redescubrir Pompeya.

 

Y montada sobre ti pasear por los canales de Venecia

y hacernos una foto bajo el puente de los Suspiros.

¡Ay… tu cara!

Y tu cara es Florencia

y me miras

y me late el corazón con mucha fuerza,

se me agota la vida,

tengo miedo a caerme,

es el síndrome de Stendhal.

 

Hasta se puede también montar en un cohete y pisar la luna

y contemplar desde tus ojos la Tierra,

y como dice Marta Plumilla en Mi vida en Marte:

desayunar mirando estrellas.

O como escribe también Rayden en un poema:

besayunarnos.

Pero se quedan cortos,

el desayuno de Marta,

el besayuno de Rayden,

el síndrome de Stendhal

y esta guía de viaje hecha un poema.

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Si llueve en Sol, ¿sale el arco iris? 

  
Si llueve en el Barrio de Las Letras, ¿se borran? 

  
Si llueve en esta calle, ¿se le podrá llamar Calle del Mar? 

  
Si llueve en Ópera, ¿podría decirse que es Cantando bajo la lluvia? 

  

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No voy a negar que me apeteces

porque te estaría mintiendo,

pero no te engaño si te digo

que no me mato por ti.

 

Que a veces miro tu boca

y no recuerdo ya tus besos,

o no pienso en ellos,

y a veces la miro y quiero

volver a estar ahí.

 

Pero tengo miedo

que tras la urgencia de un beso

no venga nada después.

Que yo no sienta nada,

o que tú no sientas nada,

o que no sintamos nada,

y que la nada también nos sienta

y sienta rabia y pena de ti y de mí.

 

Por eso me basta así,

quedar así, vernos así, contarnos así,

mirarnos así, despedirnos así,

así, no voy a describirlo,

tú y yo sabemos cómo es este así.

Que todo esto es más

de lo que habría podido imaginar

al fin y al cabo, después de todo.

 

Así que no te miento al decir que me apeteces

pero tampoco te engaño cuando digo que no me mato por ti.

 

 

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