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Un pez

¿Sabrá el pez que está nadando

o pensará que vuela?

 

 

Me muevo

bajo las sábanas

como pez en el agua

y mi aleteo

puede provocar

un tsunami en otra parte del mundo

y de tu cuerpo.

Como un salmón en el río

subo a contracorriente

desde tus pies hasta tu boca

jugándome la vida

creando más,

dejándomela,

un ciclo que nunca termina.

Fuera de ti

ya ves,

no vuelo,

no respiro,

me ahogo

igual que un pez.

 

Belicosas

Eres mi escudo, mi espada,

mi armadura, mi campo de batalla,

mi bandera,

mi himno nacional,

mis balas en la cartuchera,

mi resistencia,

mi trinchera,

mi vuelta a casa,

mi tratado de paz,

mi estado de bienestar.

 

Que me perdonen los aviones pero el amor es el medio de transporte más seguro. 

Para todo, para cualquier camino que emprendas. 

Hoy hace un año

Hoy hace un año

que la calle Fuencarral

me subió a un tejado,

y del tejado al cielo,

y del cielo a la luna.

 

Hoy hace un año

que seguí su estela,

que subí la calle por ella,

hoy hace un año

que me subí a una estrella.

 

La luna bajó a darnos las buenas noches, tan grande, tan amarilla, tan recostada en un tejado, ¿menguaba o crecía? ¿Y acaso importa?

Importa tu mano agarrada a la mía, nuestros dedos entrelazados, tu ombligo de almohada y la luna menguante o creciente pero llena, y queda tan lejos la Tierra.

Y ya no sé si es la luna la que nos inunda de luz, o si estamos en el sol, o si eres tú él mismo y la luna te refleja,

y ya no sé si es la luna la que nos contempla o nosotras a ella,

si la estamos alcanzando –yo la veo cada vez más grande y más cerca- o si se ha dejado caer por los tejados para alcanzarnos ella,

para observarnos por tu ventana, para morir de envidia -¿albergará astronautas?- o de amor que para el caso es lo mismo.

Si un día de estos explota la luna, que nadie se extrañe,

que se habrá pinchado con alguna antena

al bajar a vernos aún más de cerca por entre los tejados,

como un gato sin sueño,

como un globo extraviado,

como un ladrón con antifaz y con saco,

lo juro,

la luna como hecha a mano,

como de plastilina,

como una noche de dibujos animados.

Me gusta cuando al apagar la luz

o en mitad de la noche

o en los 5, 10, 15 minutos más tras el despertador,

te vuelves sobre tu costado izquierdo

y seas tú ahora

la que lleves mi mano derecha a tu pecho izquierdo,

pegándome así a tu espalda,

como hiciera yo las primeras veces,

porque es lo más parecido a cogerte el corazón,

a acariciarlo,

a sujetarlo,

a custodiarlo,

a guardarlo dentro,

a retenerlo en la palma de mi mano.

 

Pero ahora desde hace un tiempo

es tu mano la que se lleva mi mano,

es la que agarra,

la que aprieta,

la que custodia,

la que retiene

en su palma

mi mano

que sujeta,

que aprieta,

que retiene,

que resguarda

y guarda dentro

tu pecho izquierdo,

 

es decir, tu corazón.

 

Qué maravilla París

cuando afuera es Madrid

y es de noche.

 

Qué maravilla los Campos Elíseos,

un cruasán a la plancha

relleno de crema

receta secreta

de herencia familiar,

y los besos franceses

que ahora son nuestros,

que son besos de helado

y de peces.

 

Qué maravilla la imagen

de poder agarrar

la Torre Eiffel con los dedos.

 

Qué maravilla el idioma,

la  r  francesa,

los petit dejeuner,

el Moulin Rouge

y el vino.

 

Qué maravilla anoche en París,

el Sena desde los tejados,

qué maravilla de la mano contigo,

qué maravilla en verano,

 

¡qué maravilla!

 

cuando afuera no es Montmartre,

cuando afuera es noviembre,

cuando afuera es Madrid.

 

Buenas noches,

je t’aime

plus

égale

aussi,   

buenas noches,

 

bonne nuit.