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A la pregunta del Principito, de “si todas las estrellas están encendidas para que cada uno pueda encontrar la suya”, yo me hago otra pregunta: si hay personas que brillan para que cada estrella pueda encontrar la suya. ¿Quién encuentra a quién? ¿Quién brilla más por ella?
Principito, también hay estrellas en la Tierra. 

Recorro los 300m lisos

que van desde la Telefónica hasta la puerta de tu casa,

disparo un mensaje con arco y doy en el centro de la diana,

das un salto adelante mortal con doble tirabuzón a mi boca,

y clavas la entrada.

 

Y entonces todo el esfuerzo mereció la pena,

y das el mejor salto de altura de toda tu carrera,

y sorteamos todas las vallas entrando en podio,

levantamos un match point y acabamos ganando el partido.

 

Y tras horas y horas en el agua,

nos colgamos el oro en natación sincronizada,

logramos la mejor marca olímpica en gimnasia artística,

y bato récord mundial en los 100.000kms mariposa,

-que es lo que el reglamento dice que miden mis venas-,

por las que ellas revolotean,

y la razón por la que he llegado en plena forma,

puedo decir incluso que en mi mejor momento,

a estas auténticas olimpiadas.

 

Quien dijo que la candidatura olímpica ‘Madrid 2016’ se había perdido,

que se tome un relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor,

que tú y yo este año nos llevamos el medallero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“¿Sabéis qué? A veces el mundo no es más grande 

que el cuerpo de la persona a la que amas”.

Sergio Carrión

Y yo aún voy más allá y te digo,

aunque tú ya lo sepas,

que se puede dar la vuelta al mundo en tu cuerpo:

subir al Everest de tu boca

y besar la vida de puntillas

cogiéndote la cara

o cogiéndote el culo,

o abriendo los brazos

queriendo así abarcar el mundo.

 

Y bañarme desnuda en tus playas caribeñas,

en tus Rías Baixas,

y calarme hasta los huesos en tus cataratas del Niágara.

Y acampar en todos los lagos

que dejamos en la cama de tanto llover,

y hacer fuego bajo una lluvia de estrellas.

 

Y ver cómo no se pone el sol desde tu Círculo Polar

porque eres verano.

 

Y atravesar sedienta el Sahara

desde tu cuello hasta tu ombligo,

continuar mi camino con la lengua fuera

y descubrir que los oasis existen.

 

Adentrarme entre tus piernas por la cueva de Son Doong,

y ver auroras boreales en tu pelo.

 

Ser la actriz principal de una obra en Broadway,

y cuando digo en Broadway me refiero en tu oído.

 

Tocar el cielo desde el Empire State de tu pecho izquierdo,

y comer helado italiano en tus pezones,

y pulpo a la gallega en tu lengua.

Escuchar París al abrazarnos

y excavando en tus cenizas redescubrir Pompeya.

 

Y montada sobre ti pasear por los canales de Venecia

y hacernos una foto bajo el puente de los Suspiros.

¡Ay… tu cara!

Y tu cara es Florencia

y me miras

y me late el corazón con mucha fuerza,

se me agota la vida,

tengo miedo a caerme,

es el síndrome de Stendhal.

 

Hasta se puede también montar en un cohete y pisar la luna

y contemplar desde tus ojos la Tierra,

y como dice Marta Plumilla en Mi vida en Marte:

desayunar mirando estrellas.

O como escribe también Rayden en un poema:

besayunarnos.

Pero se quedan cortos,

el desayuno de Marta,

el besayuno de Rayden,

el síndrome de Stendhal

y esta guía de viaje hecha un poema.

Y de repente una noche sucede,

que en un cerrar de ojos,

aprieta tan fuerte

que se le sale el mar.

 

Y es que la chica de los ojos color Planeta Tierra,

llora (a) mares

porque lo suyo no son lágrimas,

es el mar que se desborda de sus ojos

cuando azota con fuerza el corazón, 

y las olas arrasan sus mejillas. 

Más 

– ¿Cómo te gusto más con gafas o sin gafas?- me preguntó. 

– Me gustas más cuando me miras. 

Si llueve en Sol, ¿sale el arco iris? 

  
Si llueve en el Barrio de Las Letras, ¿se borran? 

  
Si llueve en esta calle, ¿se le podrá llamar Calle del Mar? 

  
Si llueve en Ópera, ¿podría decirse que es Cantando bajo la lluvia? 

  

A Marte no 

A Marte no, amarte.

Esa es la nave, 

el viaje,

mi vía láctea, mi galaxia,

nuestro polvo de estrellas,

nuestro espacio. 

A MARTE no, AMARTE.

  

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