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La luna bajó a darnos las buenas noches, tan grande, tan amarilla, tan recostada en un tejado, ¿menguaba o crecía? ¿Y acaso importa?

Importa tu mano agarrada a la mía, nuestros dedos entrelazados, tu ombligo de almohada y la luna menguante o creciente pero llena, y queda tan lejos la Tierra.

Y ya no sé si es la luna la que nos inunda de luz, o si estamos en el sol, o si eres tú él mismo y la luna te refleja,

y ya no sé si es la luna la que nos contempla o nosotras a ella,

si la estamos alcanzando –yo la veo cada vez más grande y más cerca- o si se ha dejado caer por los tejados para alcanzarnos ella,

para observarnos por tu ventana, para morir de envidia -¿albergará astronautas?- o de amor que para el caso es lo mismo.

Si un día de estos explota la luna, que nadie se extrañe,

que se habrá pinchado con alguna antena

al bajar a vernos aún más de cerca por entre los tejados,

como un gato sin sueño,

como un globo extraviado,

como un ladrón con antifaz y con saco,

lo juro,

la luna como hecha a mano,

como de plastilina,

como una noche de dibujos animados.

Me gusta cuando al apagar la luz

o en mitad de la noche

o en los 5, 10, 15 minutos más tras el despertador,

te vuelves sobre tu costado izquierdo

y seas tú ahora

la que lleves mi mano derecha a tu pecho izquierdo,

pegándome así a tu espalda,

como hiciera yo las primeras veces,

porque es lo más parecido a cogerte el corazón,

a acariciarlo,

a sujetarlo,

a custodiarlo,

a guardarlo dentro,

a retenerlo en la palma de mi mano.

 

Pero ahora desde hace un tiempo

es tu mano la que se lleva mi mano,

es la que agarra,

la que aprieta,

la que custodia,

la que retiene

en su palma

mi mano

que sujeta,

que aprieta,

que retiene,

que resguarda

y guarda dentro

tu pecho izquierdo,

 

es decir, tu corazón.

 

Qué maravilla París

cuando afuera es Madrid

y es de noche.

 

Qué maravilla los Campos Elíseos,

un cruasán a la plancha

relleno de crema

receta secreta

de herencia familiar,

y los besos franceses

que ahora son nuestros,

que son besos de helado

y de peces.

 

Qué maravilla la imagen

de poder agarrar

la Torre Eiffel con los dedos.

 

Qué maravilla el idioma,

la  r  francesa,

los petit dejeuner,

el Moulin Rouge

y el vino.

 

Qué maravilla anoche en París,

el Sena desde los tejados,

qué maravilla de la mano contigo,

qué maravilla en verano,

 

¡qué maravilla!

 

cuando afuera no es Montmartre,

cuando afuera es noviembre,

cuando afuera es Madrid.

 

Buenas noches,

je t’aime

plus

égale

aussi,   

buenas noches,

 

bonne nuit.

 

Bico 

Tú 

siempre 

tienes la última palabra.

Yo 

el último beso. 

Los lagos en la cama, 

y todo el sudor. 

El resto ya sabéis, 

el ciclo del agua: 

evaporación-condensación-precipitación 

Y aún se preguntan algunos a qué huelen las nubes. 

A Cris

Ella vende aceites en la Calle Mayor

así es como se gana el pan

-de centeno e integral-.

 

Pero lo suyo es la fotografía,

filmar, crear, capturar instantes,

lo que le da la vida.

 

Ella tiene un don y no es su pelo

aunque su pelo se merezca una canción.

Ella tiene un don poco habitual,

te hace sentir como en casa en cualquier lugar.

 

Ella es hogar, zumo y tostadas,

es carnaval, es una casa con ventanas,

ella es hogar, cerveza y tapas,

ella es abrazo y tertulia en los tejados.

 

Y todo su calor es para los demás

por eso nunca termina de curarse el frío.

 

Y si sabes verla, si la miras bien,

verás que siempre lleva la sonrisa puesta.

Si sabes verla, si la miras bien,

cuando sonríe no son arrugas

que son alas.

 

Ella tiene un pelazo

pero esto ya sería otra canción.

Hacia

Hacia la belleza del amor,

hacia el amor,

hacia la belleza,

hacia ti de mí,

hacia mí de ti,

hacia tu mirada,

hacia tus ojos,

hacia tu boca,

hacia tu lengua,

hacia tus labios,

hacia los de abajo,

hacia nosotras,

hacia la vida,

hacia la belleza de la vida,

hacia Stendhal,

hacia las estrellas,

hacia la idiotez,

hacia lo infinito,

hacia lo más desconocido de ti,

hacia lo que ya conozco,

hacia lo más desconocido de mí,

hacia lo que no quiero dejar de seguir conociendo,

de ti,

de mí,

hacia nuestros monstruos,

hacia nuestras inseguridades,

hacia la seguridad,

hacia mis manos,

hacia tus dedos,

hacia tu corazón,

hacia el lugar donde se te escapa la vida

para escaparme contigo,

hacia la verdad más verdadera,

hacia la suerte de sernos,

sabernos,

querernos,

lamernos,

bebernos,

emborracharnos de nosotras,

sudarnos la resaca,

y seguir hacia.